En las cuestas arriba…

Esta frase formaba parte del aserto de un hombre admirable por sus sentencias. Cuando hablaba “subía el pan dos reales”.
Esta frase formaba parte del aserto de un hombre admirable por sus sentencias. Cuando hablaba “subía el pan dos reales”.
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  • El refrán completo dice: “en las cuestas arriba quiero ver el mulo; que las cuestas abajo… yo me las subo”. Una verdad como un templo; en los momentos difíciles es cuando las personas damos la talla.

     

           Ha venido a mi memoria esa frase de Juan Martín, (el padre del cura Paco, conocido por “Cartajima”), a propósito de un pensamiento surgido días atrás sobre lo que es la amistad, con motivo de una conversación profunda con un amigo. Inmediatamente me dirigí a los sinónimos de la palabra en cuestión, a fin de buscar la definición que más se ceñía a lo que estimo como más correcto. Pude encontrar los siguientes: “compañero, camarada, conocido, adicto, afecto, aliado, incondicional, inseparable, leal, partidario, querido, amante, íntimo, socio, cómplice, aliado, cofrade, colega, compinche, condiscípulo, incondicional, persona con quien se tiene amistad, etc.”

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          Cualquiera de ellas es buena… y hasta verdad. Pero me quedo con la mía propia: “el que está en las cuestas arriba”. En los momentos de gloria, en la euforia todo el mundo te rodea, te adula y presume de tu amistad. Cuando llegan los momentos difíciles (que es cuando en realidad necesitamos a los amigos) ya quedan menos.

     

        Los miembros de mi círculo más cercano saben que soy poco partidario de lo que yo llamo “pasteleo”. Lisonjas, zalemas, besuqueo y otras lindezas. En esas situaciones me gustaría ser tragado por la tierra. Sin embargo, cuando llegan los momentos difíciles, mis amigos, que tampoco son muchos, me encuentran. Recurren a mí o a mi familia porque saben que vamos a estar.

     

         Me siento muy orgulloso de mis amigos. Me lo demuestran en pocas ocasiones… pero me lo demuestran. Me consultan cuando tienen problemas reales y confían en mí. La palabra fiar viene de la raíz fe. Tiene fe en mí. Saben que no les voy a fallar. El responder a esta confianza en nosotros cuesta, pero gratifica.

     

        Mi buena noticia de hoy, que quiero compartir con vosotros, me la transmitió esta semana un amigo. Me dijo: –He decidido que tú te hagas caso de este tema importante si es necesario, porque tú no me vas a fallar; porque confío en ti. En ese momento engordé tres kilos. Que no dude que le voy a ser útil. Vale la pena estar y ser.

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