Respuesta al artículo ‘El Médico Chico’

Apreciado Sr. Jiménez:
Desde que tengo uso de razón he oído historias de mi abuela sobre el Medico Chico, de su buen hacer en Benamocarra y Vélez, de como era apreciado por sus pacientes y por la gente del pueblo.
Más tarde, cuando fui mayor, oí de mi tío historias sobre sus ideas políticas, de como su afilada pluma azotaba a la rancia Iglesia de aquel entonces (algunos elementos actuales son fiel reflejo de aquella curia retrógrada, prehistórica) y a marqueses y burguesía variada.

Estas historias hicieron crecer en mi la admiración por este personaje y ayudaron a forjar el hombre que soy. Ya de adulto, supe de su fin, delatado por sus "colegas". Y fui consciente de la ignominia por tener uno de sus delatores y culpables de su ASESINATO, una avenida a su nombre en el pueblo donde resido, mientras que Augusto Gutiérrez era ignorado por la historia y sólo recordado en susurros por sus familiares y amigos.

Si, Don Antonio, actualmente soy el hombre que soy porque mi abuela era Consuelo Gutiérrez y mi tío José Augusto Morales Gutiérrez. Por las historias que me contaron soy médico, de izquierdas y republicano convencido. No conocí a mi bisabuelo, pero se que el vive en mi y en el resto de sus nietos, bisnietos y tataranietos. Gracias por avivar su recuerdo, gracias por hacerme derramar lágrimas en su memoria.

Atentamente, Manuel J. Delgado Amaya
Bisnieto de Agusto Gutiérrez Ruiz

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En su periódico de 13 de Julio de 2012, numero 1.835, se publica un artículo de Antonio Jiménez titulado ‘Veleños del siglo XX Galería de Personajes El Médico Chico’. En dicho artículo se vierten opiniones parciales y sin contrastar sobre D. Fernando Vivar Téllez, opiniones que sin una semblanza y conocimiento de la persona de D.Fernando Vivar aparecen en un claro menosprecio, incluso hasta infamia, de su persona.
Es por ello que, sin entrar en polémica sobre unos hechos dolorosos que sucedieron hace más de setenta años, y que pertenecen a la historia oral no documental (por más que supuestos historiadores lo digan), me permito realizar las siguientes puntualizaciones:

1. No existe constancia documental alguna de la delación por parte de D.Fernando Vivar Téllez y D. Eduardo Jiménez Poey hacia D. Augusto Gutiérrez Ruiz, siendo la historia oral reco gida por otras fuentes bastante distinta a lo expresado en el artículo por el historiador del que se recoge la cita en el artículo.

Sirva como ejemplo que en base a la historia oral todavía estamos buscando el cuerpo de Federico García Lorca en Viznar, al no existir documento alguno cada persona cuenta el recuerdo parcial (todos somos humanos) que uno tiene.

2. De la lectura del artículo se deduce que D. Fernando Vivar Téllez era una persona reprobable por delator y cínico al acudir a la viuda a pedir el (imposible) perdón, lo que quieren hoy otras personas en otros ámbitos.

3. Fernando Vivar Téllez, como médico ejerció durante mas de cuarenta años su profesión en Vélez Málaga siendo conocido por su trato afable y cordial, tratando a multitud de personas de todas condiciones sociales en multitud de ocasiones sin ningún ánimo de lucro, y gracias a Dios todavía hay personas en Vélez que pueden corroborar esta afirmación.

4. Fernando Vivar Téllez nunca hizo mal a nadie y desarrolló su profesión querido por todos siendo Director del Hospital de San Juan de Dios en Vélez en dos periodos antes de la guerra y después hasta su jubilación.
Por otra parte, fue pionero en la Ginecología en la provincia de Málaga junto con el doctor Gálvez Ginachero (Hospital de Gálvez), del que fue amigo y colega.

5. En su vida personal también sufrió los avatares de la guerra (un cuñado y tres sobrinos asesinados en agosto de 1936 en Vélez así como tres hijos entre 18 y 21 años encarcelados y condenados a muerte por el Comité, no por los jueces, muerte que evitaron por escaparse y esconderse en la barriada malagueña del Palo)

6. La vida normal tampoco fue fácil para él, pues su mujer murió prematuramente dejándole con siete hijos pequeños, dos de los cuales también murieron jóvenes con veintitantos años de edad.

Posteriormente su segunda mujer sufrió una hemiplejìa y supuso su cuidado literalmente hasta el último día de su vida, la de él, pues ella sobrevivió.

Todo esto lo llevó con total resignación y espíritu de sacrificio sin quejarse y dedicado al servicio de sus pacientes.
Como conclusión opino que el recuerdo y alabanza de la persona de D. Augusto Gutiérrez no debe conllevar el menosprecio e infamia de otras que no tienen quien los defienda por causa, entre otras cosas, de lo políticamente correcto.

José Luis Vivar Salto

1 COMENTARIO

  1. señor jose luis vivar saltocreo que al no existir ningun testigo de esa delacion usted esta tratando de confundir a los lectores poniendo al delator como un santo varon por ser creo antepasado suyo es logico pero al cesar lo que es del cesar.

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