Sentido común

Hay un viejo y conocido dicho que sentencia aquello de: "El sentido común es lo menos común de los sentidos", es decir, que se trata del menos practicado por mucha gente. Y que esta aseveración tiene mucho de realidad, lo podemos confirmar cuando contemplamos actuaciones que han sido presididas por dicha falta de tan elemental sentido; lo que voy a ilustrar con algunos ejemplos representativos de los numerosos que se podrían citar:
Hace ya algún tiempo que, con la reconocida loable intención de mejorar y embellecer nuestras calles, los acerados que van siendo renovados, son sustituidos por nueva losería más vistosa y quizá, más duradera, porque lleva compontes de terrazo. Pero… su uso está demostrando que tal componente añadido es enormemente deslizante en los días de lluvia, con el consiguiente peligro para los viandantes y muy especialmente, para las personas mayores y otros colectivos con algún tipo de incapacidad. Circunstancias que se ponen de manifiesto con la esperanza de que sean tenidas en cuenta para lo sucesivo. Vamos a oro caso de imprevisión:
El populoso barrio del Gran Capitán cuenta con un excelente alumbrado, dotadas casi todas sus calles de unas típicas farolas que cuelgan embelleciendo sus blancas paredes. Pues bien, en parte de la calle Ana Ximenez que tiene una muy estrecha acera, absurda e incomprensible, fueron instaladas en sus comienzos, unas bonitas farolas de pie, que además de romper la homogeneidad con las demás calles (incluyendo esa misma) obstaculizan el tránsito peatonal, máxime si éste es portador de paraguas, cochecitos de niño, etc., y que está obligando a bajarse a la calzada, con el consiguiente peligro que ello conlleva, por el gran paso de vehículos existente. Sugerimos que tan decorativas (pero fuera de lugar) farolas con pedestal, estarían mejor trasladadas adorando algún parque público o sitio similar, lo que sometemos a la autoridad competente con cívico espíritu colaborador.
Cambiando de tema, ahora me referiré a la crítica situación que, actualmente, padece el sector de la vivienda y sus constructores, provocado, en gran parte, por las restricciones bancarias que les afectan, tanto a ellos como a su posible clientela. Pues bien, voy a aventurar una disculpable osadía, pero que está dentro de ese sentido común que preside este artículo: hay muchos países europeos (Alemania, Francia, Suiza, Escandinavia, etc.) que o no han sufrido esa crisis económica o que ya la están superando con éxito. Países con un buen nivel de vida y que sus ciudadanos suelen veranear por nuestras playas e incluso aquellos que; ya jubilados, adquieren aquí su vivienda y se instalan definitivamente. De ellos están saturadas nuestras costas de Andalucía, Levante, etc. Mi sugerencia no es otra que la de realizar una gran campaña de oferta publicitaria dirigida hacia esos países y sus ciudadanos, mostrando la existencia de viviendas con precios ahora más moderados para hacerlos más atractivos, publicidad que suponemos tendría gran aceptación, debido a la natural inclinación de esos ciudadanos de pasar sus vacaciones en tierras más cálidas. Al efecto, quiero recordar, (por ser apropiada y demostrativa) una frase escuchada en una conservación con unos "colegas" alemanes, durante mi estancia laborar en los correos de Hamburgo (la Deutsche Bundes Post) y que opinaban así: "En nuestro país se está mejor y más prósperos para trabajar, pero una vez jubilados, la ilusión de la mayoría de nosotros es poderla pasar en el mediterráneo". ¿Qué les parece? Y nada más por hoy.

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