Cofradías y Corporaciones

“Aquellas Semanas Santas” eran el comienzo real de la primavera; en realidad era una celebración que congregaba en la calle a todo el mundo si el tiempo lo permitía. Uno estrenaba algo el Domingo de Ramos (unos calcetines, corbata,…) porque sino se te caían las manos y era el comienzo de una semana que aquí siempre fue importante, ahora es también sorprendente y espectacular. Terminaba las semanas siguientes con los tronillos, modestos, sencillos pero que ocasionaron mucha cantera posterior al hacerse mayores aquellos chavales. Hasta el Miércoles Santo durante mucho tiempo no había nada de procesiones, el que quería se podía ir a Málaga a tomar su dosis cofrade mientras tanto. Durante el tiempo que estuve en el Colegio de los Franciscanos, unos niños, veíamos esos arreglos de los tronos Huerto y Desamparados muy de cerca, más simples y sencillos que ahora. Había únicamente el Cartel Oficial y nada más, no había TV como ahora, ni radio, lo del pregón era algo muy escueto. El paso de los tronos por la calle San Francisco era espectacular; ahí estaban Cañadas o Armando levantando aquellos cables, con su "caña especial", que cruzaban la calle, entraba el trono y punto, justito. Por allí pase alguna vez con Los Estudiantes. Lo acompañe , un niño con la beca roja y la vela la primera vez que se procesiono, esta cofradía fue siempre controvertida, de ella salieron políticos y organizadores de otras cofradías. Hizo ruido en Vélez en tiempos que no se hacía ruido por parte de nadie, desempeño un papel actualizador de nuevas ideas y corrientes de opinión. Una anécdota explica esa idea un poco caótica muy lejos de la ordenada y sosegada que ahora transmite. Un Jueves Santo se puso a llover a mares, al Cristo de la Columna le pillo llegando a San Juan de Dios y la verdad no se podía dar fácilmente la vuelta, había que llegar allí o volverlo de espaldas a las Claras donde estaba el "Tinglao", este estaba más cerca y más rápido. Se hizo esto último pero media horquillería se salió e increpaba a la otra media que llevábamos el trono dorado de carrete con la imagen cubierta de plástico como un mal menor, aunque de espaldas. Aquello provocó un cisma autentico, muchos se fueron a otras cofradías o se unieron para formar otras nuevas. Al año siguiente quedamos pocos para sacar el trono y hubo que recurrir a uno autentico con horquillas de apoyo prestado creo por Benamocarra o Cabrillas dado el escaso numero de personal disponible. También he llevado a hombros La Humildad, Jesús el Rico y La Virgen de las Angustias. He participado siempre discretamente y admito que mi entusiasmo o fervor era y es comedido, la verdad.
Siempre han servido estos días para reencuentros en lugares típicos en especial Jueves y Viernes Santo en el Bar Guerra y Mauco de San Francisco, los bares en la zona de San Juan de Dios, Bar Toto y La Peña donde se comentaban las horqullerías y se calificaban todas, si culeaban o no en el paso por la Tribuna. Las tapas de bacalao frito con tomate y ajo bacalao, todo muy cuaresmal como las torrijas.
Hemos visto el paso de la túnica por parte de la horquilleria al traje oscuro con corbata y luego vuelta otra vez a la túnica. Aquí también nos encontramos con modas y tendencias. Una cosa que me gusta mucho de aquí es que se sigue manteniendo el léxico propio y se siga huyendo de esas expresiones impropias de aquí. Yo nunca he oído eso de portadores de paso, capataz de trono, chicota, levanta y demás expresiones referidas al caso de otros sitios. Nuestra televisión autonómica en ese sentido es muy poco considerada con estos detalles, ellos son fanfarrones y su mundo empieza y termina en Sevilla. En la Semana Santa se produce muy bien la interacción entre veleños y torreños en el seno de las cofradías con naturalidad, espontaneidad, camaradería y lejos de esa tentación extrema y extraña alimentada por algunos interesados en "sus ideas y visiones". A veces pienso si el entusiasmo que se emplea esta semana se empleara también todo el año y en tareas para mejorar la comunidad, a lo mejor sobraban los partidos a nivel local o no tendrían mucho que hacer. Las Cofradías también dirigen en gran medida La Feria porque montan sus casetas y sirven de puntos de encuentro para cofrades y amigos y desde luego también hacen su política. ¿Es malo esto? Me parece que no esta reñido lo uno con lo otro y que el concepto de política va más allá de los partidos políticos y de votar una lista. En todo caso lo mismo que en Vélez los que tenemos una edad hemos visto como ha cambiado y se ha dinamizado La Semana Santa en este tiempo, es un ejemplo de superación y recuperación después de una importante crisis de los setenta que trajo un descenso importante en todos los sentidos lo mismo debería pasar con nuestro Ayuntamiento y su Gestión.
De todo esto se deduce como tenemos ejemplos de Gestión que podrían sacar los colores a los partidos políticos. Me gusta la democracia que manifiestan estas cofradías, la gente no se eterniza en los cargos, se relevan con respeto y lo ven normal, se respetan estatutos. Aquí hay partidos que tienen candidatos inmemoriales, de siempre. Esta Semana Santa hemos tenido mucho agua, una pena porque no recuerdo una semana tan pasada por agua. Todo esto genera un desconsuelo, que parece se acaba el mundo y ha sido un año en balde. Yo modestamente creo que la resignación ante este tipo de contingencias es la actitud más humana y razonable, no hay otra posibilidad de reacción, no podemos cambiar y frenar las nubes y las borrascas. Sí se abre en cambio un tiempo en el cuál todos deberíamos pedir a través del voto del 22 de Mayo una Corporación Municipal exigente consigo misma, capaz, eficiente y cercana a los ciudadanos. Traslademos al Ayuntamiento ejemplos y entusiasmos que funcionan bien aquí en las cofradías p ej y que los partidos políticos se pongan las pilas porque sino pueden crear un cisma de desconfianza y huída en los votantes. De todas formas intuyo que algo se esta moviendo: Queremos soluciones no problemas, queremos aciertos y no disculpas, queremos ir hacia arriba y no estancarnos en el lamento, la pena y la resignación. No deberían estar con nosotros, los ciudadanos, esas sensaciones negativas que los políticos tienen la obligación de cambiar por ilusión y esperanza. Es su trabajo y cometido más relevante, aunque no el único.

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