Una semana distinta

Comienza la Semana Santa. Un paréntesis en la vida de los europeos en general, los españoles en particular y los malagueños en especial. Tuve la oportunidad de vivir una Semana Santa en Suiza totalmente desconocida para nosotros; allí todo se desarrolla entre cánticos, oraciones y silencio, mucho silencio. Por la televisión he presenciado los desfiles procesionales castellanos y levantinos; son muy diferentes en la forma de plantear estas puestas en escena de la Pasión y Resurrección de Jesús. En cada lugar hay una forma de plasmar la rememoración de los acontecimientos que marcaron aquellos días trágicos de hace unos dos mil años.

En Málaga esta Semana Mayor tiene unas características únicas que la hacen incomparable. Siempre me imagino la tormenta de ideas que se podría producir en las mentes de una riada de turistas de los cinco continentes que desembocara en Málaga un Lunes Santo a las 12 de la noche por la Alameda Principal. Como se las apañaría un guía turístico para explicar lo que está sucediendo a unos europeos nórdicos o unos australianos o canadienses; y ya, rizando el rizo, a unos “guiris” japoneses, cataríes, paquistaníes o sudafricanos.

     Hace unos días, los políticos se han esforzado en convencernos de que son capaces de solucionar todos nuestros problemas

Me conformo con que lo entendamos los propios malagueños. La buena noticia es que, pese a quien pese, el pueblo sencillo ha captado desde siempre el sentido de poner en la calle la imagen del Cristo que les representa el amigo, el padre, el hermano, al que mejor te acompaña y suaviza su tristeza y su soledad, o la de María, su madre. que les comprende y protege toda la vida. Esa fe del carbonerillo que nos lleva a mirar frente a frente a lo desconocido pero ansiado; a lo trascendente que supera el tsunami de una vida llena de tormentas.

Hace unos días, los políticos se han esforzado en convencernos de que son capaces de solucionar todos nuestros problemas. Difícilmente han podido contar con los votos de la mitad de los que se reunirán el Jueves Santo para aclamar la Esperanza malagueña o la Macarena sevillana. Remedando la frase mítica de la película “Casablanca”, a pesar de todo, “aun nos queda” la Semana Santa. Una semana distinta pero que nos ayuda a ser un poco mejores y más solidarios. Unirnos y no separarnos “como hacen otros”.

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