Febrerillo el loco

montes  Si repasamos lo sucedido este año nos podemos cortar las venas. Dos tormentas terribles, una lluvia de barro, olas de tres metros, frío inesperado, inundaciones, derrumbes y demás desgracias, incluidas algunas “gracietas” carnavaleras. (Sentí vergüenza como malagueño de cierta aparición en un escenario de una drag queen impresentable). La mar llena de cadáveres de hermanos que buscaban la vida. Los dirigentes poniendo todas las pegas para no acogerlos.

 

Mientras, los tribunales se han convertido en escaparate de chorizos, butifarras, mangantes y casquería variada, protagonizados por miembros de la familia real y de ahí para abajo, pasando por todas las regiones y partidos. Descubrimos que los que se encuentran en el poder luchan por sus asientos como si en ello le fuera la vida. Por su escaño… matan (a lo Belén Esteban). Por los demás… que se la apañen como puedan.

 

Una vez perdida la confianza en las instituciones, tenemos que volver la mirada hacia los hombres de a pie que dan el callo a diario por los que lo necesitan. La semana pasada hice una entrevista a un tipo perteneciente al denostado clero. Un tal Ramón Burgueño. A los curas los españoles los seguimos con velas o con palos. No hay término medio. En este caso me encontré con un hombre normal que practica lo anormal. Escribe, canta, predica, dibuja, sale en youtube, celebra misa, ayuda a los enfermos de Carlos Haya, acompaña a los fallecidos y sus familiares en el cementerio, trabaja a distancia con los enfermos mentales de Bolivia o de Ghana y está preparando un container para llevárselo a este país africano para montar una escuela, un dispensario y lo que haga falta. Sobre todo… ríe, ríe contigo.

 

Pues no es tan malo febrero. Me ha dado a conocer esta buena noticia de hoy. Además, he cogido al vuelo las declaraciones de un alcalde italiano que esta encantado con los inmigrantes que han acogido en su pueblo. Se los contaré la semana próxima. Esta he recuperado el pulso. Menudo tipo Ramón.

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