Dar la cara

      Llega a mis manos una de esas noticias que pasan desapercibidas debido a la lejanía de su procedencia y su escasa repercusión en la política o la economía “occidentales”. Me entero de la misma a través del semanario Alfa y Omega. Su titular es muy revelador: “En Bangassou, República Centroafricana, Monseñor Aguirre acoge a 2.000 musulmanes: <La situación puede volver a estallar>” indica el prelado cordobés.

 

Juan José Aguirre es Obispo de esta ciudad de 35.000 habitantes con una marcada separación entre las diversas etnias y las distintas confesiones religiosas. “Los musulmanes alojados en la catedral están traumatizados por el asesinato de su imán. Pero han encontrado esperanza gracias al apoyo de monseñor Aguirre. Si no hubiera sido por el obispo español, todos habrían sido asesinados. La Iglesia católica ha dado ejemplo del amor de Dios», dice a Alfa y Omega el portavoz del Colectivo de Musulmanes Centroafricanos”.

 

Continúa diciendo la entrevista: El 13 de mayo unos 2.300 hombres bien armados y organizados llegaron a la ciudad… Se definían como un grupo de autodefensa. Mayoritariamente cristianos, decían plantar cara a la violencia que desde comienzos de año siembra en la zona un grupo escindido de las milicias seleka, formadas sobre todo por musulmanes. «Estos grupos de autodefensa meten a todos los musulmanes en el mismo saco, y se han mostrado igual de criminales que los otros», lamenta Aguirre… Los milicianos atacaron Tokoyo, un barrio musulmán. Sus habitantes buscaron refugio en la mezquita central, y comenzó el asedio. Al día siguiente, monseñor Aguirre se dirigió allí para negociar con los milicianos y proteger a los asediados. «Hice de escudo [humano] muchas horas. Nadie me disparó. Pero a los musulmanes les disparaban como a conejos», contó luego”.

 

Una triste noticia… Seguimos con las guerras basadas en la religión como escusa: Durante la guerra, Bangassou «fue una isla en medio del mar –explica Miguel Aguirre, hermano del obispo y presidente de la Fundación Bangassou–. Los conflictos se solucionaban sin violencia en los grupos de intermediación que creó [el obispo] con evangélicos y musulmanes. Observadores de la ONU quisieron verlo por si se podía reproducir en otros sitios».

 manolo montes

     Mi buena noticia de hoy: “En los últimos días, los dos mil “huéspedes” acogidos «han encontrado esperanza gracias al apoyo material y psicológico de monseñor Aguirre, que estaba incluso dispuesto a sacrificarse para salvarlos. Dicen que si no hubiera sido por él, todos habrían sido asesinados. La Iglesia católica ha dado ejemplo del amor de Dios».

 

     Parece ser que algunas cosas las hacemos bien. Que se lo pregunten a Ramón Burgueño, un cura de nuestra diócesis que ha llegado recientemente a Ghana, cargado de ilusiones y con un contenedor de objetos útiles para los niños de aquellas tierras. Ambos están dando la cara.

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